Lara Roca: Enseñar Producción con Propósito desde la Accesibilidad

Lara Roca: Enseñar Producción con Propósito desde la Accesibilidad

Publicado el 30 de enero de 2026 Lara Roca

Vinea Eventos y Turismo: eventos que se viven, se sienten y se comparten

En Vinea Eventos y Turismo la producción de eventos se entiende como una experiencia integral que va mucho más allá de la mera organización logística. Cada encuentro se concibe como un espacio que debe vivirse, sentirse y compartirse con todas las personas, sin dejar a nadie fuera por motivos de accesibilidad o de sostenibilidad. Esta mirada convierte cada proyecto en una oportunidad para demostrar que la producción con propósito no es un eslogan, sino una forma coherente de trabajar y relacionarse con el entorno. La accesibilidad deja de ser un añadido opcional para convertirse en un eje central del diseño de la experiencia.

Este compromiso se traslada también al ámbito académico, donde la práctica profesional se convierte en ejemplo vivo para las nuevas generaciones. Desde Vinea se entiende que la responsabilidad de un event manager no termina cuando se apagan las luces del escenario, sino que empieza mucho antes, en la fase de concepción del evento y en la manera en que se integran criterios de justicia social, inclusión y respeto al medio ambiente. Por eso, la conexión entre la empresa y la docencia se vuelve un puente natural para enseñar a producir con propósito desde la realidad del día a día.

Lara Roca: enseñar producción con propósito en la EIP de Barcelona

En la Escuela Internacional de Protocolo y Eventos de Barcelona, Lara Roca compagina su labor en Vinea con la docencia, llevando al aula una visión profundamente humana de la producción de eventos. Su enfoque no se limita a explicar procesos técnicos, cronogramas o presupuestos, sino que busca que el alumnado comprenda que cada decisión de producción tiene un impacto directo en la sociedad. De este modo, la expresión “Lara Roca: Enseñar Producción con Propósito” se materializa en clases donde la teoría se entrelaza con la ética y la empatía.

En sus sesiones, Lara invita a los futuros event managers a cuestionarse para quién diseñan, quién queda fuera de la experiencia y qué pueden hacer para que nadie se sienta excluido. La accesibilidad y la sostenibilidad se presentan como pilares inseparables de una producción responsable, no como requisitos burocráticos. Así, la idea de lara roca enseñar producción con propósito se convierte en una práctica constante: cada actividad, cada dinámica y cada reflexión en el aula está orientada a despertar conciencia y a dotar al alumnado de herramientas reales para transformar la industria desde dentro.

Más allá de la técnica: del conocimiento al impacto social

En este contexto, la técnica se entiende como un punto de partida necesario, pero nunca como un fin en sí mismo. Lara insiste en que dominar la producción de eventos solo cobra sentido cuando ese conocimiento se pone al servicio de las personas y de su bienestar. El impacto social se convierte en el criterio que guía las decisiones, desde la elección del formato hasta la comunicación con el público. De esta manera, el aula se transforma en un laboratorio donde se ensaya cómo hacer que cada evento deje una huella positiva y consciente en la comunidad.

Una dinámica de aula que convierte la accesibilidad en protagonista

En una de sus últimas sesiones con el grupo de 2ºB de la EIP de Barcelona, Lara diseñó una dinámica que situó la accesibilidad en el centro de la experiencia. No se trataba de hablar de inclusión de forma abstracta, sino de hacer que el alumnado la viviera en primera persona. La propuesta fue clara y directa: organizar un evento basado en dos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y, a continuación, explicarlo a una persona sorda. Con este planteamiento, la accesibilidad dejaba de ser un apunte teórico para convertirse en un desafío real dentro del aula.

La reacción del grupo fue inmediata y reveladora. Al intentar explicar su evento sin poder recurrir a la comunicación oral habitual, muchos estudiantes se encontraron con un muro inesperado. La sensación de bloqueo, la dificultad para hacerse entender y la falta de recursos para comunicarse generaron un clima de frustración compartida. Esa incomodidad, lejos de ser un fracaso, se convirtió en el punto de partida de una reflexión profunda sobre cómo se sienten, día tras día, miles de personas con dificultades de comunicación cuando participan en experiencias que no contemplan sus necesidades.

El reto de los ODS: diseñar un evento con propósito

El primer paso de la dinámica consistió en que cada grupo eligiera dos Objetivos de Desarrollo Sostenible y diseñara un evento alineado con ellos. Esta elección obligó al alumnado a pensar en causas concretas, en problemáticas reales y en cómo un evento puede contribuir a visibilizarlas o a generar cambios. La producción con propósito se hizo tangible cuando tuvieron que traducir esos ODS en contenidos, formatos y acciones específicas, entendiendo que un evento puede ser una poderosa herramienta de sensibilización y transformación social.

Explicar el evento a una persona sorda: el choque con la realidad

El momento de explicar el evento a una persona sorda supuso un auténtico choque con la realidad para muchos estudiantes. De repente, la seguridad con la que defendían sus ideas se vio cuestionada por la incapacidad de comunicarlas de forma efectiva a alguien que no podía acceder al canal oral. La impotencia, la sensación de estar dejando fuera a esa persona y la conciencia de no haber previsto recursos accesibles generaron una mezcla de sorpresa y malestar. Precisamente ahí, en ese vacío comunicativo, se hizo visible la brecha que existe cuando la accesibilidad no se integra desde el inicio del diseño de un evento.

La incomodidad como motor de empatía y reflexión social

La incomodidad que se vivió en el aula no fue un efecto colateral, sino un elemento intencional de la propuesta pedagógica. Lara aprovechó ese clima emocional para abrir un espacio de diálogo honesto sobre privilegios, barreras invisibles y responsabilidades profesionales. El alumnado pudo poner palabras a su frustración y, al mismo tiempo, reconocer que esa sensación es cotidiana para muchas personas que se enfrentan a entornos no pensados para ellas. La empatía dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en una experiencia sentida en primera persona.

A partir de esa vivencia, la reflexión social se profundizó de manera natural. Los estudiantes comenzaron a cuestionarse cómo diseñan sus proyectos, qué públicos imaginan cuando piensan en asistentes y qué cambios serían necesarios para que sus eventos fueran realmente inclusivos. La incomodidad inicial se transformó en una herramienta pedagógica poderosa, capaz de abrir los ojos a realidades que a menudo permanecen invisibles en la formación técnica tradicional. Así, la clase se convirtió en un espejo donde cada persona pudo revisar sus propias prácticas y creencias.

Conectar con la realidad de miles de personas invisibilizadas

Al conectar la experiencia del aula con la realidad de miles de personas con dificultades de comunicación, la dinámica adquirió una dimensión social mucho más amplia. El alumnado comprendió que lo que habían sentido durante unos minutos es, para muchas personas, una constante en su vida diaria cuando intentan acceder a eventos, servicios o espacios culturales. Esta toma de conciencia permitió que la accesibilidad dejara de percibirse como un “extra” y pasara a entenderse como una cuestión de justicia básica. La producción con propósito, en este contexto, implica reconocer y dar respuesta a esas realidades invisibilizadas.

Del reto a la solución: aprender lengua de signos como herramienta inclusiva

Tras el impacto emocional del ejercicio, la sesión dio un giro hacia la búsqueda de soluciones concretas. No se trataba de quedarse en la culpa o en la frustración, sino de demostrar que existen herramientas para cambiar las cosas. En este punto, la propuesta fue clara: aprender lengua de signos como una vía directa para abrir canales de comunicación más inclusivos. La transición del reto a la solución mostró al alumnado que la accesibilidad no es un ideal inalcanzable, sino un camino que se recorre con formación, práctica y voluntad.

La colaboración con CASMACS y Jordi Roca

Para dar continuidad a este aprendizaje, la clase contó con la colaboración de Jordi Roca, de CASMACS, quien impartió un taller de lengua de signos. Su enfoque cercano y práctico permitió que el alumnado se sintiera acompañado en un terreno que, al principio, podía parecer intimidante. A través de ejemplos cotidianos y ejercicios sencillos, Jordi mostró que la lengua de signos no es solo un recurso técnico, sino una puerta a nuevas formas de relación y de respeto. Esta colaboración reforzó la idea de que la producción con propósito se construye también tejiendo alianzas con entidades y profesionales especializados en accesibilidad.

Perder el miedo y descubrir nuevas formas de comunicación

Durante el taller, uno de los mayores logros fue ayudar al alumnado a perder el miedo a equivocarse al comunicarse en lengua de signos. Al practicar, reírse de los errores y comprobar que es posible entenderse incluso con un vocabulario básico, los estudiantes descubrieron que la barrera no era tan infranqueable como parecía. Esta experiencia les permitió ampliar su concepto de comunicación, incorporando recursos visuales, gestuales y espaciales que enriquecen cualquier interacción. De este modo, la accesibilidad dejó de asociarse únicamente a la presencia de intérpretes y se entendió como una actitud activa de apertura y aprendizaje continuo.

Transformar la frustración en oportunidad: hacia experiencias accesibles y justas

El recorrido emocional de la sesión, desde la frustración inicial hasta la sensación de empoderamiento tras el taller, mostró al alumnado que cada dificultad puede convertirse en una oportunidad de mejora. Comprendieron que, como futuros event managers, tienen la capacidad de decidir si sus eventos reproducen barreras o si, por el contrario, se convierten en espacios accesibles y justos. La producción con propósito se reveló entonces como una elección diaria, que se refleja en los detalles: en cómo se comunica, en qué recursos se habilitan y en qué tipo de experiencias se diseñan para el público.

Esta transformación no se quedó en el plano individual, sino que se proyectó hacia la práctica profesional futura. Los estudiantes pudieron visualizar cómo integrar lo aprendido en sus próximos proyectos, desde la fase de briefing hasta la ejecución final. La idea de generar experiencias accesibles y justas dejó de ser un ideal abstracto para convertirse en un objetivo concreto, respaldado por herramientas reales como la lengua de signos, los recursos visuales y la planificación inclusiva. Así, la sesión se consolidó como un ejemplo de cómo la docencia puede activar cambios profundos en la manera de entender el oficio.

Formación, recursos y actitud: el triángulo del cambio

De la experiencia vivida en el aula emergió con claridad un triángulo clave para impulsar la accesibilidad: formación, recursos y actitud. La formación aporta el conocimiento necesario para comprender las necesidades diversas y las posibles soluciones; los recursos permiten materializar esas soluciones en acciones concretas dentro de los eventos; y la actitud marca la diferencia entre cumplir por obligación o comprometerse de verdad con la inclusión. Cuando estos tres elementos se combinan, la producción con propósito deja de ser un discurso y se convierte en una práctica coherente y sostenible en el tiempo.

Un ejercicio final: carteles de eventos con medidas de accesibilidad reales

Para cerrar la sesión, Lara propuso un ejercicio que integraba todo lo aprendido de forma creativa y aplicada. Cada grupo debía diseñar el cartel de su evento, incorporando medidas concretas de accesibilidad que respondieran a lo trabajado en clase. Este paso obligó al alumnado a traducir sus reflexiones en decisiones visuales y comunicativas, pensando en cómo informar claramente sobre los recursos disponibles para personas con distintas necesidades. El cartel dejó de ser un simple elemento promocional para convertirse en una declaración de intenciones sobre el tipo de experiencia que se quería ofrecer.

El ejercicio no se quedó en el diseño gráfico, sino que se completó con una presentación en la que cada equipo debía explicar su cartel utilizando recursos visuales y lengua de signos. De esta manera, el aula se transformó en un pequeño laboratorio de eventos inclusivos, donde la teoría se ponía a prueba en la práctica. La combinación de creatividad, accesibilidad y comunicación inclusiva permitió que el alumnado experimentara, en primera persona, cómo se siente producir con propósito y cómo se percibe desde fuera un evento que se preocupa por llegar a todas las personas.

Diseñar el cartel del evento con accesibilidad integrada

Al diseñar los carteles, los grupos tuvieron que pensar en elementos como la claridad del lenguaje, el contraste de colores, la inclusión de iconos que indicaran recursos accesibles y la forma de comunicar que el evento estaba pensado para diferentes tipos de público. Este ejercicio les hizo ver que la accesibilidad también se juega en los detalles visuales y en la información previa al evento, no solo en lo que ocurre el día de la celebración. Integrar la accesibilidad desde el diseño del cartel significó asumir que la inclusión empieza en el primer punto de contacto con la audiencia.

Presentar usando recursos visuales y lengua de signos

La presentación final, apoyada en recursos visuales y en el uso de lengua de signos, fue el momento en que el aprendizaje se hizo plenamente visible. Cada grupo tuvo que enfrentarse al reto de comunicar su propuesta de forma coherente con los principios de accesibilidad que había defendido en el diseño. Al utilizar signos, apoyos gráficos y una estructura clara, el alumnado comprobó que es posible hacer presentaciones más inclusivas sin perder eficacia ni creatividad. Esta experiencia reforzó la idea de que la accesibilidad no limita, sino que amplía las posibilidades expresivas y comunicativas de cualquier evento.

Inspirar a los futuros event managers hacia la accesibilidad y la sostenibilidad

La experiencia en la EIP de Barcelona demuestra que es posible formar a futuros profesionales que entiendan la producción de eventos como una herramienta de cambio social. Lara Roca, desde su doble rol en Vinea y en el aula, inspira a los estudiantes a integrar la accesibilidad y la sostenibilidad en el corazón de su visión profesional. No se trata solo de cumplir con normativas, sino de asumir una responsabilidad ética con las personas y con el entorno. Así, la idea de enseñar producción con propósito se convierte en una guía para quienes quieren dedicarse a este sector con conciencia y compromiso.

Esta forma de entender la docencia tiene un efecto multiplicador. Cada estudiante que pasa por estas dinámicas se lleva consigo una mirada más amplia sobre lo que significa organizar un evento. Cuando, en el futuro, diseñen congresos, festivales, actos corporativos o celebraciones, llevarán incorporada la pregunta por la accesibilidad y la sostenibilidad. De este modo, la semilla plantada en el aula puede germinar en múltiples proyectos que, poco a poco, contribuyan a transformar la industria hacia modelos más justos, inclusivos y respetuosos con el planeta.

La formación académica como experiencia transformadora

Esta sesión en la EIP es un ejemplo claro de cómo la formación académica puede ser verdaderamente transformadora cuando conecta con la realidad social y con las emociones del alumnado. No se limita a transmitir contenidos, sino que propone experiencias que cuestionan, remueven y abren nuevas perspectivas. Al vivir en primera persona las barreras de comunicación y al descubrir herramientas para superarlas, los estudiantes experimentan un cambio interno que va más allá de la asignatura. La producción con propósito se convierte, así, en una forma de estar en el mundo, no solo en una competencia profesional.

Eventos del futuro: producción con propósito que se vive con todos los sentidos

La visión que se desprende de esta experiencia apunta hacia unos eventos del futuro que no solo se organizan, sino que se viven con todos los sentidos y con todas las personas. La accesibilidad y la sostenibilidad dejan de ser tendencias pasajeras para consolidarse como criterios esenciales de calidad y de coherencia. En este horizonte, la figura del event manager se redefine como la de un profesional capaz de tejer experiencias significativas, inclusivas y responsables. Enseñar producción con propósito, como hace Lara Roca, es apostar por un sector que entiende que cada evento puede ser un acto de cuidado, de justicia y de conexión auténtica con la sociedad. eventos, accesibilidad

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